En los últimos años se ha elevado las probabilidades de
sobrevivir ante el cáncer, y esto radica en el tratamiento y la buena
alimentación. Carmen Moreno, investigadora bióloga oncológica del Instituto
Nacional del Cáncer, revela que el 40%
de todos los tumores masculinos y un 60% de todos los tumores femeninos tienen
una relación con la alimentación, y más del 30% de las muertes por cáncer se
deben a esta misma causa.

El tratamiento contra el cáncer debilita
el sistema inmunológico y causa efectos secundarios, (vómitos, falta de
apetito, etc.). Es por ello, que es sumamente primordial la obtención de nutrientes
esenciales (proteínas, carbohidratos, grasas y agua.). Durante y después del
tratamiento, el paciente debe consumir proteínas adicionales a las que ya ingería,
esto con la intención de sanar tejido corporal, combatir infecciones, y
mantener una masa muscular adecuada. Entre las principales fuentes de proteínas se
encuentran el pescado, las carnes rojas, los huevos, y las menestras.
Respecto a las grasas, es
recomendable optar por las grasas mono insaturadas (Incluye aceite de oliva,
canola y palta), y grasas poliinsaturadas (incluye aceite de girasol, y mariscos).
En cuanto a los carbohidratos, las mejores fuentes se encuentran en las frutas
(naranja, limón, melocotones, manzana, arándanos) y verduras (tomates, calabaza,
brócoli, coles, espinaca, zanahoria,), los cuales proporcionan minerales y vitaminas esenciales.
El consumo de agua debe ser
indispensable para el paciente, pues debido a vómitos y nauseas que el
tratamiento conlleva, el cuerpo puede
deshidratarse, y así consecuentemente puede sufrir una descompensación. Es
importante también aclarar, que, el paciente debe evitar el consumo de
alimentos procesados, como embutidos, ahumados e incluso el consumo de bebidas
alcohólicas y bebidas que sobrepasen los 65°.
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